Me llamo Maria y junto a mi pareja Marc y nuestra hija Eider, formamos la familia de Sorgin Ederra, en la comarca de Osona, Barcelona.

           El nombre de Sorgin Ederra, es en euskera, porque yo soy de Euskadi, concretamente de Oñati, Guipúzcoa. Su significado es “bruja preciosa” y se pronuncia “Sorguiñ Ederra”.

NOSOTRAS

Todo comenzó por el año 2003, cuando yo solamente tenía 18 añitos. Aquel año decidí que cumpliría mi sueño de tener perro y que nadie me lo impediría. Yo no sabía que perro quería, de hecho, no quería ninguna raza en concreto, al menos, al principio, solamente quería que fuera de un tamaño medio, que me llegara hasta la rodilla, más o menos, y fuera un perro deportista, alegre, juguetón, familiar… Por aquel entonces, era una novata en el mundo canino, no conocía nada, por tanto, no sabía por dónde empezar a buscar.

Obviamente, me deje aconsejar por la gente de mi alrededor, la cual me desaconsejo adoptar un perro en una protectora porque “todos son agresivos y solo hay perros adultos” (algo que hoy en día sé que es totalmente falso). Entonces empecé a buscar, sin logro, alguien que regalara algún cachorro.

            Tras semanas con la búsqueda, creí que lo más sencillo seria acercarme a la tienda de animales de mi pueblo y comprar un perro. Allí no se exponían los perros, pero existía la posibilidad de pedir una raza de perro en concreto y la traían de otra tienda española, pero ¿Qué raza elijo?

            Estuve dándole vueltas y al final me decidí por un labrador retriever o Golden retriever. Eran dos razas que me gustaban y se adaptaban a lo que yo buscaba en un perro, pero justo antes de ir a la tienda, comencé a ver como en mi pueblo habían llegado varios cachorros de dichas razas en pocas semanas. No me gustó nada. No quería tener otro perro igual que al resto de la gente, así que esperé y seguí buscando.

            Estando en casa, pensando en una raza de perro que no fuera común en mi pueblo, vi en una estantería del salón, un VHS de la película 101 Dálmatas. Automáticamente me puse a verla, para ver cómo era el perro en sí, sobre todo, morfológicamente. Me enamore del macho de esa película. Así que enseguida me puse a buscar en internet las características del dálmata, incluso me compre un libro para saber más y así, al final, llego a casa Digua.     

dalmata Sorgin Ederra
cachorro dalmata

          Digua es y será siempre el mejor perro que he tenido nunca. Como dálmata, morfológicamente hablando, no cumple los requisitos de belleza establecidos, pero como perro, es el mejor. Pude educarlo yo sola con 18 años y a pesar de tener épocas en la que no nos entendíamos mucho, me lo dejo muy fácil. Juntos hemos recorrido muchísimo, se vino conmigo a vivir a Barcelona, por mis estudios, y allí, me acompaño allí donde iba. Cambiamos de muchísimos pisos, trabajos y ciudades, pero siempre juntos.

Gracias a él comencé en este mundo.

            A través de internet, conocí el Club Español del Dálmata, donde asistía a reuniones, excursiones y exposiciones de belleza (aunque no participábamos) y aprendí muchísimo sobre la raza y conocí a muchísima gente como yo, amante de los dálmatas.

            Aquí conocí al presidente, Vicenç Bellés, el cual siempre tenía la puerta de su casa abierta para mí, donde me enseñaba videos y fotos de dálmatas y aprendía sobre la raza y admiraba su amor hacia ella, al ver como sus 6 o 7 dálmatas en aquel entonces, tenían un lugar dentro de su hogar.

 

No solo eran perros de exposiciones, eran parte de la familia. Durante varios años, colabore con la Asociación SOS Dálmatas, acogiendo en casa a dálmatas que buscaban un hogar, incluso en varias ocasiones, lo llegue a hacer por mi cuenta. Por mi casa, han llegado a pasar más de 10 dálmatas (por separado) buscando hogar y me alegra muchísimo saber que todos ellos hacen felices y son felices junto a una familia, pero también me entristece ver la facilidad con la que la gente llega a abandonar a un perro.

                Por aquel entonces, yo nunca creí que acabaría teniendo ninguna camada, ni que asistiría a ninguna exposición, pero, aquí estamos. Creo que lo que más me indujo a querer criar esta raza, era comparar los dálmatas que yo conocía, los de Vicenç, del afijo Llibra Casanova, con los perros que recogía, no tenían nada que ver.

 

Empecé a darme cuenta, que la imagen que tenía la gente de los dálmatas, no era la misma que la mía y eso era culpa de la mala cría.

 

La cría en la cual lo único que importa es ganar dinero, sin importar la salud de los perros.

La cría donde no se mira el carácter, salud, ni genética, solamente cuantos más cachorros se tenga, mejor. Esto hace que una raza empeore muchísimo.

 

He llegado a ver dálmatas de no más de 20kg, con morfología totalmente diferente; cabezas pequeñas, más manchas que pelo blanco, cuellos gruesos, espaldas arqueadas, colas enroscadas…. e incluso el carácter; nerviosos, agresivos, miedosos….

 

El dálmata no es así. Para mí el dálmata era y es, un perro equilibrado, que sabe estar, alegre, su cola no para nunca, elegante, con manchas proporcionada por todo el cuerpo, sin agrupaciones, fuertes columnas dorsales y riñonada, un perro potente, de fuertes extremidades, bien musculadas, una mirada alegre, viva… Eso era lo que yo conocía, y eso era lo que quise tener.

            Cuando decidí aumentar la familia, obviamente acudí a Vicenç. El, junto a su hermano, Manel, no crían muy a menudo, tienen una camada cada 4 años, más o menos. La ultima camada que tuvieron, la pude ver, pero no me pude quedar ningún cachorro por aquel entonces, así que tuve que esperar cerca de 5 años, para tener a mi princesa.

cachorros dalmatas

     La ultima camada que vi, fue donde nació Cava, Ch. Orquidea de la Llibra Casanova, la madre de mi futura perrita. Así que hasta que ella no tuviese la edad que los criadores creen oportuna para ser madre, estuve conteniendo mis ganas, no tenía prisa, solamente quería que fuera una Llibra Casanova.

            Cuando llego el momento, unos añitos después, concretamente en el 2012, Vicenç me llamo para decirme que Cava estaba embarazada. Pero no podía cantar victoria, ya que pueden pasar muchísimas cosas y quizás allí no estaba mi pequeñaja.

            Tras el parto, me comunicaron que habían nacido 3 hembras, dos marrones y una negra, y un macho negro. Estaba que me subía por las paredes, ¡una de ellas era mi Amets!

    La primera vez que la vi, solamente tenía 9 días de vida, pero aquí comenzó nuestra unión y sigue hasta los días de hoy. Es mi Amets (“sueño” en euskera) Passioflora de la Llibra Casanova, una obra de arte en casa. Alegre como ella sola, mi sombra, mi alegría, mi payasa, mi preciosa bruja, hembra fundadora, con la cual, comenzó nuestro camino como Sorgin Ederra.

cachorros dalmatas
La madre, Amets.jpg