Sorgin Ederra Dálmatas
Sorgin Ederra Dálmatas

Congost de Mont-rebei y Parque Nacional de Aigüestortes, Lleida

Nuestra escapada de San Juan del 2017

Aprovechando las fiestas de San Juan, decidimos escaparnos unos días, la familia al completo a algún lugar tranquilo, nuestro principal destino fue el Parque Nacional de Aigüestortes y Sant Maurici, de Lleida, pero al mirar el tiempo antes de viajar hacia allí, vimos que llovía casi cada día, así que tuvimos que cambiar nuestro destino al Congost de Mont-rebei.

 

El Congost de Mon-trebei, es un desfiladero formado por el rio Noguera Ribagorçana a su paso por la Sierra del Montsec, la cual atraviesa de Norte a Sur. Esta ubica entre las comarcas de la Ribagorza (Aragón) y el Pallars Jussà (Catalunya) y se puede llegar a él andando desde diferentes puntos.

 

Nosotros llegamos atravesando la población de Tremp, y al ser mediodía y hacer un calor sofocante de 39ºC, decidimos parar la furgoneta cerca de un rio, para comer y mientras tanto nuestras perritas se refrescaran en el rio bañándose y bebiendo agua.

 

Después de comer y bañarnos en el rio, decidimos estirarnos a la sombra a disfrutar de una merecida siesta, ya que, con ese calor, no se podía hacer mucho más.

 

Hacia las 6 de la tarde, nos pusimos en camino hacia el parking de La Masieta, lugar desde donde se inicia la ruta del Congost. Fuimos para conocer previamente el entorno. La verdad es que nos encantó, el gran espacio, la amplitud del rio y su color azul turquesa, que obviamente, también probaron nuestras chicas, jaja, no se resisten a un nuevo chapuzón.

 

Estando por allí pedimos información sobre la ruta que queríamos realizar y nos comentaron que el parking al día siguiente estaba todo reservado, así que la afluencia de gente seria importante, además, nos comentaron que hasta las 8.30 de la mañana no abrían el parking, por tanto, tendríamos que aparcar a 1,5km de distancia de allí, en un pequeño llano al lado de la carretera, ya que, actualmente, está prohibido aparcar a los lados de la carretera.

 

Una vez obtuvimos toda la información y las chicas ya estaban algo más fresquitas, decidimos buscar un lugar donde pasar la noche.

 

En internet, encontramos un lugar recomendado que se encontraba en lo alto de una montaña, concretamente entre la cima de la Sierra del Montsec y la Sierra del Port d’Àger, esto es, en el Coll dAres, lugar desde donde aficionados al vuelo en parapente practican su deporte y a los cuales estuvimos admirando mientras tomábamos un cerveza fresquita y disfrutábamos de la bajada de la temperatura.

 

Es un lugar precioso y una vez todos los parapentistas se hubieran marchado, disfrutamos de un precioso atardecer mientras cenábamos bajo la atenta mirada de Amets, Aloña, Izar y Cherry, la dulce cruce de dobermann que tenemos de acogida en casa y que también se vino de escapada montañera con nosotros.

 

Al día siguiente, decidimos ponernos en marcha bien pronto por la mañana, para así evitar el sofocante calor y la previsión de gente que había en el congost.

 

Comenzamos a caminar hacia las 7.15 de la mañana, tranquilos, frescos y solos, Marc, yo y nuestras 4 sombras. Al principio del camino, no iban atadas (infringiendo la normativa del lugar), pero son perras que no están acostumbradas a ir atadas y tampoco había nadie a quien pudieran molestar, así, pudieron correr, jugar, bañarse y beber agua un rato, mientras nos dirigíamos hacia el desfiladero. Una vez el camino se estrechara, ya decidimos atarlas y continuar el camino con formalidad.

 

Al principio es un camino estrecho, pero fácil de hacer. Al llegar al puente colgante, la cosa comienza a complicarse. Yo no tengo vértigo (en principio), pero me dio apuro pasarlo, ya que se mueve con cada paso que das y temía por mis perras, porque pueden caerse puente abajo si les diera algún momento de pánico o duda, ya que hay una cuerda metálica a 40-50cm del suelo y la siguiente está a otros 50cm, por tanto, ellas pueden pasar por debajo y caerse, pero en fin, intentando no dejarme llevar por los temores, seguí caminando, llevando las chicas atadas y no mirando mucho hacia abajo, ya que impresiona aún más el paso.

 

Una vez pasado el puente colgante, el camino es mas impactante todavía (y bonito). Caminas por la pared de la montaña, teniendo el rio a tu derecha, sin ningún tipo de vaya para evitar la caída y con solo metro y medio de amplitud del camino.

 

Nosotros, al llevar a Cherry, decidimos darnos la vuelta, ya que es una ruta de ida y vuelta, esto es, vuelves por el mismo camino por dónde has ido. Ella es una perra que ha sido maltratada y tiene miedo de la gente desconocida, si tiene espacio para huir o al menos mantener un espacio de seguridad lo lleva bien, pero si se ve obligada a pasar muy cerca de la gente, lo pasa mal, quiere huir, comienza a dar vueltas sobre ella misma.... Cosa muy peligrosa tras ver cómo era el camino, y al ver que en pocos segundos se nos podía caer desfiladero abajo, por el simple hecho de encontrarnos con gente en el camino, decidimos volver atrás y no tener que pasar ningún mal rato.

 

Al llegar de nuevo a la furgoneta, nos dimos cuenta que al final habíamos caminado 4 horas. Y decidimos volver a intentarlo más tarde, hacia las 8 de la tarde, cuando no hubiera tanta gente ni calor, y así, poder dejar los perros en la furgoneta. Pero tras darle vueltas, pensamos que no podríamos hacerlo, ya que el día anterior, a la 8 de la tarde, aun estábamos a 35ºC, y, por tanto, no podríamos dejar a las perras en el coche. Así que teníamos que hacer algo. Volvimos a mirar el tiempo en el móvil y vimos que en el Parque Nacional de Aigüestortes ya no llovía, y ¡hacia allí nos fuimos!

Una vez tuvimos claro cuál sería nuestro siguiente destino, nos dirigimos hacia el municipio de Espot, para buscar un lugar donde pasar la noche.

 

Espot está situado en la comarca catalana del Pallars Sobirá, en Lleida. Es un pequeño pueblo de casas de piedra de unos 360 habitantes, ubicado entre montañas, por el cual cruza el rio Escrita.

 

Una vez compramos algo de comida para cenar y un vinito para celebrar la noche de San Juan, nos dirigimos hacia Espot Esquí para pasar la noche. Lo que nunca nos imaginaríamos es que dormiríamos la noche de San Juan en un lugar con tanto encanto, en medio de la naturaleza y con nada más a nuestro alrededor que árboles y prados. Fue una suerte encontrar un lugar tan idílico, el cual no especificaremos donde está, para que conserve su secretismo y encanto.

 

Paseamos por allí, cenamos y nos fuimos a dormir con ganas de que llegará el día siguiente y poder caminar por el parque nacional.

 

Al día siguiente, tras desayunar, nos dirigimos a caminar al parque nacional, por la ruta que nos llevaba al embalse de Sant Maurici. Como el día anterior, comenzamos nuestra ruta bien pronto, para disfrutar tranquilamente del día y no encontrar mucha gente. Creo recordar, que hacia las 8 ya estábamos en medio del bosque siguiendo el camino indicado.

 

La verdad es que a mi este parque siempre me ha fascinado, precioso, verde, siempre con ríos, riachuelos o embalses en el trayecto, cosa que hace mayor el compartirlo con nuestros perros, ya que tienen agua fresquita siempre que quieren y no tenemos que sufrir por ellos.

 

El camino hasta el embalse Sant Maurici es muy fácil, amplio y cómodo de hacer. Desde allí, tomamos el camino hacia el embalse de Ratera. Un camino ya algo más estrecho y escalonado en el que es inevitable pararse a contemplar la gran cascada de Ratera, que queda a mano izquierda del camino y se escucha desde varios metros antes de llegar a ella.

 

Continuando el camino, llegamos al embalse de Ratera y en él, hicimos una pequeña parada, cerca de un riachuelo que llegaba al embalse, para descansar y disfrutar del paisaje, precioso en esta época del año; verde, lleno de flores y agua allí donde miraras.

Tras esta breve parada, continuamos nuestro camino hacia el Mirador de lEstany, desde donde se podía contemplar las montañas que nos rodeaban, y desde donde continuamos nuestro camino de vuelta hacia el embalse de San Maurici, recorriendo así, una ruta circular muy bonita y variada.

 

Unas 5 horas después de nuestro inicio, llegamos al parking del parque. Algo cansados, sobre todo por la bajada, que es lo que más cansa las piernas, y nuestras chicas también, ya que tardaron pocos segundos en colocarse en sus sitios y comenzar a cerrar los ojos para descansar (lo podréis ver en las siguientes fotos). Pero muy contentos, maravillados del paisaje que pudimos contemplar y encantados en tomar la decisión de salir a una hora correcta hacia la montaña, ya que, bajando, hacia las 12.30, nos cruzamos con muchísima gente que subía a esas horas hacia los embalses, por no hablar de los que optaban por subir en los taxis proporcionados por el parque. Así que, recordad, para subir al monte, toca madrugar ;)

 

Aprovechando que las chicas descansaban y tras parar a comer, nos dirigimos a nuestro siguiente destino, Arties, desde donde al día siguiente, volveríamos a visitar el Parque Nacional de Aigüestortes, pero desde otra zona diferente.

Al llegar a Arties, nos maravilló lo bonito que era, es un pueblo de cuento.

 

Nos instalamos en el camping que está a la entrada del pueblo, el Camping Era Yerla de Arties (www.yerla.net). Muy bonito, limpio, bien cuidado y con todos los servicios que necesitábamos.

 

Después de cenar, fuimos a dar una vuelta por el pueblo y admiramos su belleza. Las casitas de piedra con sus detalles de madera y tejados oscuros, flores por todas las calles y mucha paz y tranquilidad.

 

Al día siguiente, recogimos todo, y volvimos al Parque Natural de Aigüestortes. Tomamos desde Arties un camino que nos llevó a una pista hormigonada y allí a un parking, donde dejamos el coche y tuvimos que continuar a pie. Caminando algunos kilómetros por esta pista, teniendo siempre a nuestra derecha el rio Garona llegamos hasta el inicio del senderó. Mucho más duro que subir a Sant Maurici. Es un camino estrecho de constante ascenso, bajo la sombra de los árboles y bastantes piedras por las que caminar. Una hora o algo mas después, llegamos por fin al llac Restanca, donde primero nos encontramos con la gran pared de la presa.

 

Con la pared delante, tomamos el camino hacia la derecha, para caminar por encima de dicha pared y llegar hasta su conocido refugio, del mismo nombre.

 

Un poco más hacia adelante, nos paramos junto al lago y descansamos un rato y nuestras chicas aprovecharon para darse el primer bañito del día.

 

Una vez nos hubiéramos refrescado y cargado las piles, continuamos nuestro camino hacia otro lago, el Estany de Mar. Aquí el camino aún se complicaba mas, ya que todo era rocas por las que teníamos que caminar e incluso, casi llegar a escalar en algún punto.

 

Después de este difícil camino, llegamos a un llano, desde el cual tenemos una vistes espectaculares, donde paramos a comer algo y las chicas se refrescante de nuevo en un riachuelo que cruzaba por allí y donde había muestra de ser zona de marmotas.

 

Continuando nuestro camino, encontrándonos a muy poca gente en él, por fin, llegamos a estany de Mar. Un lago de agua turqueses, rodeado de altas montañas y con un silencia y una paz increíble. Yo no pude evitar darme un pequeño baño, dado al calor que pasamos y que el agua más limpia no podía estar, eso sí, fría estaba, y un rato, por eso lo del pequeño baño.

 

Tras disfrutar de semejante belleza de paisaje, comenzamos el descenso.

 

Al llega a la furgoneta, nos apartamos un poco del parking, algo más lleno de coches a esas horas, nos preparamos una rica comida, y emprendimos nuestro viaje de vuelta hacia casa.

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© Sorgin Ederra Dalmatians