Sorgin Ederra Dálmatas
Sorgin Ederra Dálmatas

Orígenes e historia

Las hipótesis acerca de los orígenes de este perro son vagas y carecen de pruebas sólidas, tal como ocurre en la mayor parte de las razas de perros. Si bien existen algunas referencias literarias sobre el dálmata, su carácter fragmentario no nos permite emitir ningún juicio satisfactorio. De hecho, la historia de la evolución de las razas de perros todavía no ha determinado métodos ni ha sentado unas bases de estudio sistemático.

Ciertamente, el dálmata, con su típico manto, ha suscitado la atención y la admiración de los pueblos hace siglos. Sin embargo, no ha sido hasta los últimos cincuenta años que los aficionados a la raza han conjuntado sus esfuerzos para intentar determinar con claridad unos orígenes que indudablemente son muy antiguos. No es tarea fácil, porque muchas teorías se basan en la interpretación subjetiva de opiniones que se han ido transmitiendo verbalmente o por medio de cartas y representaciones pictóricas, sin que se conozcan posteriores menciones en otros documentos de la época. Siempre persiste la duda de si el dato es fiable o se trata de una ilusión del artista.

 

 

 

Fotografía tomada en Zaostrog, Croacia. El cuadro más antiguo conocído donde aparece verdaderamente un dálmata.

Parece ser que el dálmata fue introducido en Inglaterra a principios del siglo VII, hay quien dice que proveniente de Italia o de los países balcánicos, a través de gitanos, acróbatas o artistas de circo. Una teoría bastante verosímil explica que, proveniente de la católica Italia, en la Inglaterra protestante, en un momento en que el problema religioso se vivía con fuerte intensidad, este perro se identificaba como símbolo del catolicismo debido a su manto blanco y negro que recuerda la dalmática, es decir, la vestimenta que los diáconos llevan encima de los otros vestidos en las funciones solemnes, y que daría lugar al nombre de la raza.

Muchos escritores han comentado la procedencia de la raza, y ninguno de ellos han acabado coincidiendo, pero es indudable, que el mérito de haber sabido apreciar primero la raza corresponde a Inglaterra, no solo por el aspecto decorativo del manto, sino también por su versatilidad y múltiples cualidades. Este país, en donde existe una gran afición al caballo, supo valorar este perro, que mostraba una singular compenetración con los equinos.

Durante un cierto tiempo fue criado en las caballerizas junto con los caballos y se lo adiestro para que siguiese las carrozas y las diligencias de largo recorrido. El objetivo de esta escolta era doble; por una parte, se consideraba elegante salir a pasear en carroza acompañado de una pareja de dálmatas, por otra parte, la función era más útil. Cuando los caminos no eran seguros a causa de las frecuentes emboscadas de bandoleros y malhechores, el perro iba ligeramente adelantado y a l primer peligro daba la alarma ladrando. Debido a esta típica función, la raza adopto el nombre de coach dog (perro de carruaje).

Cabe mencionar, que aún hoy en día, existe la sociedad inglesa “British Carriage Dog Society”, establecida para preservar el trabajo del dálmata como coach dog y participar en competiciones nacionales y así demostrar la funcionalidad tradicional del dálmata como compañero del hombre y perro de carruaje.

Con la llegada del automóvil, la raza quedo relegada al olvido, pero gracias a su maravilloso manto ha vuelto a suscitar interés en los tiempos modernos.

Esta antigua raza canina llega a nuestros días sin haber experimentado ningún cambio morfológico o estético. El dálmata siempre ha tenido la misma forma y dimensiones, el mismo manto y el mismo carácter. Y deseamos que se siga criando sin variaciones, porque es y debe seguir siendo un dálmata.

Al ir aumentando la población de esta raza, John Henry Walsh publico el primer estándar.

Su primera aparición en las muestras caninas tuvo lugar en diciembre de 1860 en Birmingham, en donde el público asistente pudo contemplar en carne y hueso, y no solo en pinturas y grabados, el perro manchado, que causo una gran admiración.

El primer club que se creó en el continente europeo fue el alemán, fundado en 1920, y a partir de 1930 se constituyeron en otros muchos países.

Una gran popularidad se debe a su llegada a la gran pantalla en la famosa película de Walt Disney, 101 Dálmatas. Es importante destacar que esta película no es fruto de la imaginación y fantasía, sino que realmente refleja la sensibilidad, la inteligencia y la bravura de este perro. Todos los propietarios de un dálmata nos podrán dar fe de ello.

En España el interés por esta raza fue bastante moderado hasta finales de la década de los ochenta, aunque actualmente va en constante aumento.

El dálmata goza de una gran difusión en Inglaterra. En las exposiciones importantes se pueden contabilizar más de ciento cincuenta ejemplares esperando su turno para el ring. En el resto de Europa, concretamente Suecia, Francia, Bélgica, Holanda y Alemania, es dálmata esta más difundido que en España.

Pero a menudo la cantidad va en detrimento de la calidad, y esto es lo que ocurre inevitablemente cuando una raza está excesivamente difundida y criadores poco experimentados se dedican a la reproducción.

En Estados Unidos es una de las razas más conocidas, cada año supera los treinta mil cachorros los inscritos en los libros genealógicos.

En este país han sido y son conocidos como los “perros bombero” por su arraigada unión a los carruajes, tanto en Inglaterra como en Estados Unidos. Los carruajes de bomberos, tras la aparición del automóvil, se convirtieron en camiones, pero continuaron preservando a su mascota canina como insignia de su oficio.

 

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